viernes, 20 de marzo de 2015

Mientras muere el amor

Besos, caricias, suspiros, gemidos, mordiscos, arañazos, cosquilleos, sonrisas, palabras...

Es curioso todo lo que podemos llegar a sentir o hacer, cuando nos estamos acostando con alguien.
En ese momento tan intimo, en ese intercambio de miradas sin brillo, besos vacios, caricias que no calientan, sonrisas tristes, y palabras, muchas palabras que en un momento dado decimos, a sabiendas que son mentira que lo decimos para que, la otra persona no se sienta mal, se sienta querido, un querer falso, un querer amargo que a veces dura muy poco, y sin quererlo nos lo creemos. Porque en ese momento buscamos, un querer falso, un querer fugaz, para así no tener que intimar, y evitar que nos hagan daño.

Nos creemos todo los besos apasionados, las palabras bonitas, los suspiros, los gemidos fingidos, las caricias que queremos que nos den ese calor que buscamos, y aunque no se quiera reconocer, mariposas, queremos sentir ese cosquilleo, ese aleteo verdadero, que tan pocas veces sentimos. Porque cuando nos acostamos con alguien, no con alguien querido, si no con alguien que ni nos acordamos de su nombre porque ni te interesa, pensamos que cuando nos besa sentimos mariposas, o algo dentro de nosotros. Pero la triste realidad es que, no son mariposas, no es nada, solo un poco de nervios acompañados de un poco de valentía. 

Valentía que posiblemente nos lo ha dado el alcohol. 

¿Y después, que recibimos? Un gran silencio incomodo, o muy rara vez ese comportamiento de no novios, el ponerse hablar de sus vidas, como si alguno le importara lo mas mínimo, o lo más divertido de la situación esas cosquillas que te hacen mientras, te apoyas sobre su hombro, mientras habláis o solo miráis el infinitivo. Momentos vacios, sin vida, sin nada, solo dos desconocidos que fingen conocerse, para que el sexo no sea tan frio ni sucio.

 Y mientras tanto, esas mariposas van muriendo poco a poco, como va muriendo el amor.

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