Besos, caricias, suspiros, gemidos, mordiscos,
arañazos, cosquilleos, sonrisas, palabras...
Es curioso todo lo que podemos llegar a sentir o
hacer, cuando nos estamos acostando con alguien.
En ese momento tan intimo, en ese intercambio de
miradas sin brillo, besos vacios, caricias que no calientan, sonrisas tristes, y
palabras, muchas palabras que en un momento dado decimos, a sabiendas que son
mentira que lo decimos para que, la otra persona no se sienta mal, se sienta
querido, un querer falso, un querer amargo que a veces dura muy poco, y sin
quererlo nos lo creemos. Porque en ese momento buscamos, un querer falso, un
querer fugaz, para así no tener que intimar, y evitar que nos hagan daño.
Nos creemos todo los besos apasionados, las palabras
bonitas, los suspiros, los gemidos fingidos, las caricias que queremos que nos
den ese calor que buscamos, y aunque no se quiera reconocer, mariposas, queremos
sentir ese cosquilleo, ese aleteo verdadero, que tan pocas veces sentimos.
Porque cuando nos acostamos con alguien, no con alguien querido, si no con
alguien que ni nos acordamos de su nombre porque ni te interesa, pensamos que
cuando nos besa sentimos mariposas, o algo dentro de nosotros. Pero la triste
realidad es que, no son mariposas, no es nada, solo un poco de nervios
acompañados de un poco de valentía.
Valentía que posiblemente nos lo ha dado el
alcohol.
¿Y después, que recibimos? Un gran silencio incomodo, o
muy rara vez ese comportamiento de no novios, el ponerse hablar de sus vidas, como
si alguno le importara lo mas mínimo, o lo más divertido de la situación esas
cosquillas que te hacen mientras, te apoyas sobre su hombro, mientras habláis o
solo miráis el infinitivo. Momentos vacios, sin vida, sin nada, solo dos
desconocidos que fingen conocerse, para que el sexo no sea tan frio ni sucio.
Y mientras tanto, esas mariposas van muriendo poco a poco, como va muriendo el amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario