Ya no late mi corazón rítmicamente. No ay
latido, solo silencio.
No siento el glacial frío del otoño, y los
dulces rayos del sol dejan huellas sobre mi pálida piel.
Mis mejillas ya no, se ruborizan ante el
halago de un caballero.
Mi piel ha dejado de ser calida, para
transformarse en un bloque de hielo frío, y duro tan resistente, como el más
bello diamante.
Mis ojos hace tiempo que dejaron de
cerrarse, para rendirse en la mas absoluta oscuridad, de mis placidos sueños.
Mis colmillos se han transformado en un
arma mortal, capaz de matar al más valiente guerrero, con tan solo un mordisco.
Por más que beba, no hay agua mas pura que
calme si sed.
Escucho como la llamada de la sangre
acude a mis oídos, como mi sedienta garganta me quema ante la idea de la dulce
y roja sangre corriendo dentro de mí.
Más aquí estoy maldiciendo lo que soy,
anhelando lo que fui, y nunca más podré ser.
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