sábado, 21 de marzo de 2015

Soledad



                 
Me ahogo en mi propia soledad, condenado a vivir eternamente solo, sin más compañía que mi agonía.

Viajando solo, dejando pasar el tiempo, viendo como la gente que pasa a mí alrededor envejece año tras año, marchitándome.
Evitando el afecto hacia personas, que podrían darme de nuevo la vida, que perdí para no tener que sufrir su lenta e irreparable muerte.

He tenido el placer de recorrer mundo, contemplando como va cambiando las costumbres, las ideas, como avanza la historia, la vida de las personas.

Mientras mi vida no avanza, reviviendo de los sueños de otras personas para poder sentirme vivo, apreciando esa agradable ilusión parada en un pasado de bonitos recuerdos y momentos felices, compartidos de fantasmas lejanos atormentados, por mi pena, sin querer dejarlos ir, reteniéndolos en mis pensamientos atrapados por mi egoísmo.

          Sin querer vivir, sin poder morir, condenado a vivir eternamente.

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