Me ahogo
en mi propia soledad, condenado a vivir eternamente solo, sin más compañía que
mi agonía.
Viajando
solo, dejando pasar el tiempo, viendo como la gente que pasa a mí alrededor
envejece año tras año, marchitándome.
Evitando
el afecto hacia personas, que podrían darme de nuevo la vida, que perdí para no
tener que sufrir su lenta e irreparable muerte.
He tenido
el placer de recorrer mundo, contemplando como va cambiando las costumbres, las
ideas, como avanza la historia, la vida de las personas.
Mientras
mi vida no avanza, reviviendo de los sueños de otras personas para poder
sentirme vivo, apreciando esa agradable ilusión parada en un pasado de bonitos
recuerdos y momentos felices, compartidos de fantasmas lejanos atormentados, por
mi pena, sin querer dejarlos ir, reteniéndolos en mis pensamientos atrapados
por mi egoísmo.
Sin querer vivir, sin poder morir, condenado
a vivir eternamente.
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